sábado, 17 de abril de 2010

Chilango


Coleccionar, coleccionar, coleccionar. No sé qué es lo que tuvo que pasar para que de pronto me naciera la idea de guardar cosas y mantenerlas ahi, como bonitos adornos, recuerdos, yo qué sé. Sería bueno haber grabado esa parte de mi vida y en el erase & rewind saber qué onda.

En fin, la idea es que un buen día comencé a coleccionar esta revista llamada Rolling Stone. Lo siguiente que recuerdo es que me aburre después de no sé cuántos números -a ojo de buen cubero calculo unos 38 totales- y repentinamente hoy, mientras hojeaba MARVINsoyhipsterynadiememerece y R&Reltamañosíimporta, me salta a la vista Chilango -revista que años atrás había comprado por mera curiosidad y que no me había gustado porque como estudiante no tenía varo para ir a la mayoría de los lugares que ahi promocionaban- corte a: me la compro y me doy cuenta que, oh dios, vaya que las cosas han cambiado. Mi gustar mucho.

Al menos esta noche no me pude aguantar las ganas de compartir con ustedes el cierre de la editorial de bienvenida de la edición de este mes donde, con una analogía relacionada a la coloquial práctica de turbochelear, dicen lo siguiente:

(...) Por eso la gente presume sus pedas, sus atascones de tacos, sus tabacos, las drogas que ha probado, sus romances devastadores, las veces que cree que ha estado a punto de morirse por una idiotez. Es la manera primitiva de decir: estoy tan vivo que hago todo esto y aquí sigo: vivo. Paradójicamente una persona vital coquetea con la muerte todo el tiempo. Las personas que prefieren evitar excesos, que beben con moderación, que no fuman ni se dejan dominar por las bajas pasiones, dice Joaquín Sabina que pueden vivir cien años. Y al final, serán los muertos más sanos del panteón. (...)



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